El Instituto de Chile y la Ley de Educación

Una tradición educativa.

 

1. En las vísperas de celebrar su segundo centenario como nación independiente, nuestro país se ve abocado a la compleja y esencial misión de reordenar el sistema educativo nacional. Esto ocurre, por una parte, en una situación de crisis generalmente reconocida del sistema y, por otra, de singular holgura económica del país unida a la intención de administrarla con visión histórica y proyección de futuro.

 

 

 

 

2. El problema de la educación, el modo de concebir su sentido, de definir sus formas, sus contenidos, sus estructuras y métodos, ha sido asunto central de la cultura superior de la humanidad a lo largo de su historia. Y en nuestro país, desde los primeros años de su Independencia, tomó cuerpo, para citar una figura ejemplar, en la obra de Bello que repercute vigorosamente a todo lo largo del siglo xix y en adelante.

 

3. Parece natural, y consagrado en nuestra tradición histórica, que la tarea de la educación nacional comprometa no sólo a los a los mejores espíritus y no sólo a los  poderes del Estado, sino a las instituciones de la sociedad civil. Esto quedó claro en los términos en que se fundó la Universidad de Chile, en el plano de la Educación Superior; en la organización de la llamada Enseñanza Normal para la atención de la educación primaria, y en la creación del Instituto Pedagógico para conducir la enseñanza media en las llamadas Humanidades.

 

4. Ninguna de esas empresas fue improvisada, ni armada precipitadamente, ni encarando una situación de conflicto en el campo de la educación. Por el contrario tomaron tiempo, reflexión, debate amplio y abierto. Valentín Letelier estuvo tres años en Berlín estudiando la educación alemana e informando al Gobierno. Conoció el pensamiento del filósofo Herbart y de los pedagogos Pestalozzi y Froebel que inspiran esa educación. Otro tanto ocurre con José Abelardo Núñez y Claudio Matte grandes forjadores de la educación primaria, que van también a Alemania, a los Estados Unidos, y a Suecia para observar en ésta los trabajos manuales y la gimnasia sueca. Letelier escribirá una Filosofía de la Educación, Núñez una Organización de las Escuelas Normales y Matte su célebre Silabario. Para constituir el Instituto Pedagógico se contrataron jóvenes alemanes, casi todos menores de 35 años y doctorados en Filosofía, entre los cuales destacan Stephens, Schneider, Lenz, Hanssen, Johow, que proyectaron las asignaturas de la enseñanza media, y escribieron los primeros textos de la misma.

 

Proyecto de Ley General de Educación

 

5. El proyecto de ley sobre educación recientemente enviado al Congreso Nacional no se ajusta a esta tradición. Su texto no permite comprender el sentido que tiene, la concepción que lo anima, ni siquiera la significación de sus conceptos capitales.

La presencia que el Instituto de Chile y sus Academias tienen en la ley actual se borra de una plumada en el nuevo texto sin anuncio ni explicación. El nuevo Consejo Nacional de Educación que el proyecto propone estaría integrado en abrumadora mayoría por personas designadas por el Presidente de la República o el ministro de Educación; fácilmente, entonces, podrá convertirse en un instrumento del gobierno. 

Resulta lamentable verse excluido o marginado de una misión que naturalmente incumbe y compete al Instituto de Chile y sus Academias y de la cual no está en su voluntad sustraerse. 

El Instituto de Chile no es un centro de ideología, ni de presión política, ni un cuerpo de consultores técnicos, sino una institución de la cultura del país. Está formado por seis Academias que cubren todo el campo del saber y del conocimiento científico, integradas por alrededor de doscientos académicos de superior nivel y reconocido prestigio elegidos por sus pares, que periódicamente se reúnen para tratar y discutir los temas de sus disciplinas. Es obvio que ellos poseen gran interés en la educación nacional que, al fin y al cabo, es el piso de su propia labor. Muchos de ellos son personas con especial competencia y autoridad justamente en lo que a la educación, desde las más diversas perspectivas, se refiere.

El Instituto está inserto en la tradición de cultura de nuestro país y si tiene la responsabilidad de hacerla valer a la hora de hablar de educación no menos estima necesario poner de relieve la existencia de valores intelectuales y científicos de los que el país hoy dispone en sus diversas universidades e instituciones de la cultura y la ciencia, que están ampliamente capacitados para diseñar y hacer efectivo un nuevo sistema de educación nacional.

No es hora ya de lamentar pero, al menos, de señalar desde luego algunos criterios fundamentales que, a nuestro juicio, ha de contener un texto legal sobre educación.

 

Ideas básicas para un ordenamiento de la educación nacional.

 

6. Figura clave en cualquier proyecto educativo es el profesor, el maestro: quien posee el conocimiento, es capaz de transmitirlo y ama hacerlo. La universidad actualmente no atiende debidamente a esta figura, poseída como está por el afán profesionalizante de la institución napoleónica, que cuida de preferencia a las grandes carreras profesionales con frecuencia en desmedro de las que forman profesores. La universidad no tiene en vista en la formación del profesor de escuela a una personalidad intelectual, como la que han distinguido las escuelas, liceos, gimnasios, institutos de los principales países europeos. No es estrictamente la pedagogía, como ha ocurrido en Chile, lo que ha de caracterizar al profesor de la enseñanza básica y media, sino su cultura superior y la ejemplariedad de su carácter. Estos rasgos esenciales poseen una fuerza formativa de la personalidad del niño y el joven en su paso por la escuela y su encuentro con el profesor. Y generan en los estudiantes hábitos de disciplina y orden, de respeto y solidaridad, de corrección en el uso del lenguaje, limpieza, puntualidad y decoro, valores educativos que han de estar firmemente interiorizados en la conciencia del estudiante y ser exigidos por la escuela. 

 

7. En la perturbadora encrucijada en que se encuentra el saber actual por su enorme diversidad, por su velocidad de cambio, por su especialización e interdisciplinariedad, por su necesidad de articularse y de fundarse, es extremadamente difícil determinar el patrimonio básico de conocimientos capaz de formar a una persona para los tiempos que corren, de abrir su mente al estado real del saber y de aprender a aprender. El sistema educacional puede disponer hoy, como nunca quizá, de una variedad de recursos técnicos al servicio de la información y la comunicación, que pueden ponerse mucho más directa e intensamente al servicio de la enseñanza. Una visión de estos problemas ha de presidir un plan de educación.

 

8. Ya no vale la discusión de esos tiempos pasados entre una formación cifrada en el latín y las disciplinas humanísticas, que hallaban respaldo entre conservadores, y una instrucción a la que se llamara científica proveniente de la visión positivista de las ciencias y en la que se veía el progreso. Ya no es cuestión de multiplicar asignaturas de hora en hora cada día. La escuela ha de ser un centro de cultura con múltiples actividades formativas irradiando en el barrio y en la familia de sus estudiantes y abriendo oportunidades diversas de una formación continua.

 

9. Un instrumento esencial para la educación es el libro. Es preciso enseñar a leer y, por ende, a escribir y a entrar así en el dominio de la propia lengua, el español. Muchas veces los textos de estudio son posiblemente los únicos libros que se han tenido en casa. Es preciso darles su dignidad y perennidad. La matemática es también un lenguaje, y un lenguaje de las ciencias. Y el inglés es hoy lengua internacional. Las formas de las artes cultivan el espíritu, y atraen poderosamente a la juventud. Estas disciplinas y materias de estudio forman un corpus básico de la enseñanza que es preciso dominar.

 

10. Se requiere abordar la formación del profesor, y a la vez, su capacidad de formar la personalidad del estudiante; la comprensión clara del estado del saber y de las ciencias en nuestro tiempo, la constitución de un corpus curricular básico, universal y sencillo, sostenido por buenos textos de estudio. Este género de cuestiones, al parecer elementales, son claves en el diseño de un cuerpo de ideas que hayan de presidir un sistema educativo. Ellas no están resueltas o definidas de una vez para siempre. Incorporarlas en un plan de estudios en nuestro propio mundo es seguramente una de las más graves responsabilidades morales de una sociedad nacional.

 

                                                                                               Santiago, julio de 2007.

 

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